Sonntag, 16. November 2014

Sueño de una mañana de otoño

Soñé que compraba la entrada para ver Hoffnung auf größeres Wohlbehagen, ya que no iba a actuar. En la caja, una señora que normalmente no está en la caja del teatro (la regidora), me preguntó si ya me había salido del proyecto. Yo puse la voz ronca y dije que estaba enferma ( me encantó mentir). En mi sueño, además, caminaba con unos amigos y con ropa de este siglo, enseñándoles el teatro (más lindo y grande que nunca), hasta que el director me vio y me miró asombrado, un poco serio. Yo seguí caminando , y con el dedo pulgar hacia arriba,  sonriente le hice entender que todo iba a salir bien. Tan campante y fresca iba yo. Me he reído al despertarme.
 Hoffnung auf größeres Wohlbehagen. Artículo del periódico Die Rheinpfalz.

Pues si no actúo porque estoy enferma ;-), me pueden ver en el video:
 Si viven cerca de Mannheim, pueden vernos el 18 y 23 de noviembre, por ejemplo: 

Freitag, 31. Oktober 2014

"Regrésenlos" (discurso de Elena Poniatowska en el Zócalo)


El discurso completo lo pueden leer aquí:

43

43
4_3
3_4
¡muchachos!
¿dónde están?
4+3
 ahora también nerviosa,
  nimiedades antes
ahora lloro
no los conozco,  
los veo corriendo
riendo
gritando
pensando
ahora más cerquita
 con camisetas
con zapatillas
sudando
llorando
con las manos arriba
¿y la esperanza?
un día 26 de septiembre.

Palabras de Natalia Lévano Casas


Mittwoch, 1. Oktober 2014

Ismael Rivera: El incomprendido

Qué decir de "Maelo", de Ismael Rivera. En una casa, en la cual, uno de mis hermanos mayores era el primer seguidor de salsa de la familia, teníamos que escuchar sí o sí a muchos cantantes, pienso que una de esas voces que no se veía acompañada de muchos trombones o trompetas altas era la voz de Maelo,cantante puertorriqueño. Su voz era de verdad la de un "negro chévere". Los dejo con él, opinen lo que quieran, quizás no les guste, o quizás sí, o quizás sea yo la siguiente incomprendida, jajaja.

Enlace con la biografía de Ismael Rivera: 
 

Yo, yo, yo, yo
creo que voy,
solito a estar,
cuando me muera,
he sido el incomprendido,
ni tú ni nadie me ha querido,
tal como soy,
bituqui, pero yo, yo, yo, yo,
solo estaré,
y juraré,
que cuando muera,
aún así con mi presagio,
tendré tu nombre a flor de labio, y moriré.
Miro una estrella y deja de brillar,
toco una flor y se ha de marchitar,
negra suerte la que me tocó,
qué es todo lo que quiero yo,
por eso se que solo voy,
yo no fui nada, nada, nada soy, ya sin ti,
bituqui batilín tin,
yo, yo, yo,
pero que yo solo estaré,
y juraré, que cuando muera,
belén que aun así con mi presagios,
tendré tu nombre a flor de labio, y moriré,
alalae, por qué no me comprenden a mí,
si yo soy, un negrito chévere,
suelta negra,
miro una estrella y deja de brillar,
toco una flor y se ha de marchitar,
negra suerte la que me tocó,
que es todo lo que quiero yo,
por eso sé que solo voy,
yo no fui nada, nada, nada soy,
bituqui batilín tin para ti,
pero que yo, yo, yo, yo, yo, yo, solo estaré,
y juraré,
que cuando muera,
belén, que aún así con mi presagio

 pondré tu nombre a flor de labio,
y moriré,
incomprendido, yo soy Maelo, el incomprendido,
ja-ja-ja-ja-ja-ja,
epa, quémala.

Mittwoch, 17. September 2014

Horacio Guarany: Cuando ya nadie te nombre

Si hay una canción que canturreo estos días es Cuando ya nadie te nombre de Horacio Guarany. Hay melodías que de repente brotan de la nada, o del todo, y  te susurran y te hacen acompasarlas, no sé si con buena voz , pero sí , por lo menos de mi parte con mucha energía.
 Esta canción es una bellísima zamba argentina. ¡Disfrútenla! 

 

Cuando ya nadie te nombre,
cuando no estés a mi lado,
me habré de morder las manos,
mi tentación, mi pecado.
me habré de morder las manos
mi tentación, y enloquecido pecado.

Junto a una estrella perdida
aturdiré mil quimeras
para beberte de nuevo
en un camino cualquiera
para beberte de nuevo
licor de miel, en un camino cualquiera

Donde la luna no alumbra nunca,
donde la noche cobija y calla,
quiero amarrarme a tu boca
junto a la arena en la playa.
Quiero amarrarme a tu boca,
cariñito, junto a la arena en la playa.

Me voy abriendo la noche
herido de sol y luna
el beso aquel que me diste
no lo he encontrado en ninguna.
el beso aquel que me diste,
florcita azul, no lo he encontrado en ninguna.

Adiós te digo y no tiemblo
aunque te llore hasta el alma
yo soy del mar y este grito
revivirá en mi guitarra.
yo soy del mar y este grito
revivirá o morirá en mi guitarra.

Montag, 15. September 2014

Mi casa ideal

Todos  soñamos muchas veces con nuestra casa ideal. Algunos de mis alumnos del semestre pasado de la Universidad de Mannheim escribieron una composición sobre su casa ideal. A mí me gustaron los textos, y  ellos me permitieron  publicarlos. Además abajo acompaña los textos de la casa una melodía de un cantautor venezolano.



El apartamento ideal en la ciudad ideal                                                                

Para mí, la ciudad ideal está ubicada en el sur de Europa. Tiene un clima mediterráneo. Está cerca del mar y no es una ciudad muy, muy grande. Hay como máximo 250.000 habitantes. Mi ciudad ideal es muy limpia, segura y no hay muchos turistas. Es una ciudad verde donde hay muchos parques y pistas para bicicletas. También, para mí, la ciudad tiene que ofrecer muchas ofertas culturales y deportivas para no aburrirme en mi tiempo libre.

En mi ciudad ideal, mi apartamento ideal está muy cerca del centro. Por eso, el trayecto para ir a un bar o al cine en la tarde no es distante. En mi apartamento ideal hay cinco habitaciones : una cocina, un salón, un baño, un dormitorio y una habitación para invitados (porque me gusta mucho invitar a mis amigas y amigos, y a mi familia). Quisiera tener una cocina grande con una mesa extensible. En el mejor de los casos, hay una azotea para disfrutar del tiempo agradable. En el salón hay muchas estanterías con muchos libros interesantes. La idea de pasar el tiempo después del trabajo en el salón, en un sofá cómodo, con muchos cojines, con una taza de té y una lámpara de pie que da una luz acogedora , me parece maravillosa.


Anneke



Mi casa ideal está compuesta de dos dormitorios, uno para mí y el otro para mis invitados. Además la casa tiene dos baños, una cocina y un salón grande para pasar las noches en compañía de mis amigos. La casa tiene también un despacho porque yo tengo que estudiar mucho para la universidad. Aparte quisiera tener un jardín para hacer barbacoa con amigos en verano. Si yo vivo en una casa con varios pisos, en lugar de jardín quisiera un balcón. Mi casa ideal tiene además un garaje para un coche. El momento estelar de mi casa es la piscina en el jardín o encima del techo. En general mi casa ideal es muy grande, no cuesta mucho y es por una parte central, por otra al mismo tiempo tranquila. Esta casa ideal está en una ciudad grande en España. Hay muchas posibilidades para salir a divertirse en los restaurantes, los bares o los clubs nocturnos. Además para ir de compras esta ciudad es perfecta. Por una parte la ciudad es ruidosa, viva y turística, por otra, la ciudad ofrece mucha cultura por ejemplo arquitectura, museos y  hermosos parques. Quisiera que la ciudad no esté lejos de la playa. En resumen, esta ciudad tiene todo para vivir bien. 

Marleen




Mi casa ideal es muy grande. Demasiado grande para cuatro personas. Tiene un cuarto de estar muy confortable con muchas ventanas y una chimenea. Además tiene una cocina nueva y una piscina.

Mi ciudad ideal es una ciudad donde hay buen clima. Hay muchos parques y árboles como también una red de transportes públicos muy extensa. Mi ciudad ideal es limpia y la vida allí es tranquila.

En la ciudad  viven todos mis amigos y mi familia. Es un lugar en donde todos quieren ir de vacaciones porque es una ciudad histórica. A la vez es muy morderna y contemporánea. Resumiendo, es una ciudad donde todo el mundo quiere vivir.

Eva Lisa 


Hay una ciudad en España que está directamente al lado del mar. El tiempo es en la mayoría de los casos muy bueno pero no demasiado caliente. En esta ciudad hay muchas casas y obras antiguas, que son bonitas, pero hay muchos otros lugares bonitos también. La ciudad se llama Barcelona, y a mí me gusta esta ciudad porque es una ciudad muy grande, antigua y acogedora.

Me gustan las casas de Gaudí en especial. Por eso mi casa ideal es una casa de Gaudí, cercana al centro, pero al lado del mar también. Puedo ir a la playa durante mi tiempo libre, o también, si quiero, ir al centro. Mi apartamento necesita una cocina, un salón, un comedor, un baño, una habitación y una terraza. Lo mejor es que sea sin amueblar. Entonces la amoblaría a mi estilo. No necesito un garaje porque en Barcelona ir en metro es mejor que ir con coche. Es más rápido y más barato. Es importante también que mi apartamento tenga muchas ventanas, porque a mí me gusta la luz.

Tom


Pienso que la ciudad ideal es mi ciudad de origen: Hamburgo. Hamburgo está en el norte de Alemania. Es una ciudad portuaria y el puerto es muy bonito. Está situada cerca del barrio antiguo con edificios viejos y  canales del río Elba.

En el centro de Hamburgo, hay muchos negocios y algunos teatros. Es una ciudad grande – pero creo que parece  un pueblo pequeño. A pesar de que más de un milón de personas viven en Hamburgo, es muy limpio y el tráfico no es abrumador.

Mi casa ideal en Hamburgo está en el barrio St. Georg, un barrio central y cerca de la estación central. Mi apartemento está en un edifício viejo y tiene los techos altos con estuco y tablado. Tiene las ventanas grandes, por ello el apartamento es muy claro. Tengo un armario muy grande para todos mis pares de zapatos. En el salón, hay una alfombrilla y una mesa para comer. Además, hay una cómoda y una biblioteca. Mi cocina tiene una cocina moderna porque me gusta cocinar y hornear.

En mi dormitorio hay una cama grande con una cubierta azul y una mesilla de noche al lado de la cama.

Hannah


Mi casa perfecta está en una ciudad muy grande. Mi casa está cerca del mar y todos los días puedo observar a  la más variada gente en la playa, y también a los surfistas. En mi casa hay tres habitaciones, una cocina, dos baños y un jardín muy bonito. Muchas flores coloridas crecen en mi jardín y hay unas repisas con hierbas aromáticas. Además hay un asador para asar la carne con mis amigos. Mi casa tiene muchas ventanas porque mi ciudad ideal es muy soleada. Muchas gentes diferentes viven en mi ciudad preferida. Gente vieja y joven, pobre y opulenta, y de todo el mundo. Muchos turistas visitan mi ciudad todos los años porque hay muchos lugares de interés. Pueden disfrutar la vista fantástica del Pan de Azúcar, ver la estatua de Cristo, ver un partido de fútbol emocionante en el estadio de Maracaná o descender por la famosa escalera de Lapa. Pueden disfrutar del sol en las playas Copacabana o Ipanema. Muchos amigos me visitarán porque quieren disfrutar la vida en un ambiente único. En particular querrán visitarme por el carnaval exótico y querrán pasar un tiempo inolvidable en la ciudad más bonita, movida y espectacular de todas.

Clarissa


 
ESA CASITA

Yo tengo una casita bien bonita
tejida en una nube de algodón
cerquita de las playas de un riachuelo
que baña de placer mi corazón

un nido que en el árbol de mi vida
el pájaro del alma construyó
con flores y berbenas de la tarde
halladas en el fondo de mi amor

Esa casita, linda, me parece
que la pintaron unas mariposas
que las hormigas de una caravana
la llevan de pastel para su hogar

Esa casita, linda, me parece
que en sus adentros vive una quetzal
por eso a la luz de sus ventanas
la viene a visitar un cardenal (bis)

Letra y Música: Simón Díaz


Dienstag, 12. August 2014

Daniel Santos: Dos gardenias

Dos gardenias para ti
Con ellas quiero decir:
Te quiero, te adoro, mi vida
Ponles toda tu atención
Que serán tu corazón y el mío.

Dos gardenias para ti
Que tendrán todo el calor de un beso
De esos besos que te di
Y que jamás encontrarás
En el calor de otro querer.

A tu lado vivirán y te hablarán
Como cuando estás conmigo.
Y hasta creerás que te dirán:
Te quiero.

Pero si un atardecer
Las gardenias de mi amor se mueren
Es porque han adivinado
Que tu amor me ha traicionado
Porque existe otro querer.


Donnerstag, 3. Juli 2014

LA ESPERA, PERÚ

 Crónica de lo ocurrido en Bagua cuando los nativos awajún y wampis se enfrentaron al gobierno aprista por haber permitido el ingreso de empresas transnacionales a esas tierras sin haber sido consultados.

Samstag, 26. April 2014

Discurso de Elena Poniatowska, Premio Cervantes 2013


1 DISCURSO ELENA PONIATOWSKA CEREMONIA DE ENTREGA PREMIO CERVANTES 23 de abril de 2014 Majestades, Señor Presidente del Gobierno, Señor Ministro de Educación, Cultura y Deporte, Señor Rector de la Universidad de Alcalá de Henares, Señor Presidente de la Comunidad de Madrid, Señor Alcalde de esta ciudad, autoridades estatales, autonómicas, locales y académicas, amigas, amigos, señores y señoras. Soy la cuarta mujer en recibir el Premio Cervantes, creado en 1976. (Los hombres son treinta y cinco.) María Zambrano fue la primera y los mexicanos la consideramos nuestra porque debido a la Guerra Civil Española vivió en México y enseñó en la Universidad Nicolaíta en Morelia, Michoacán. Simone Weil, la filósofa francesa, escribió que echar raíces es quizá la necesidad más apremiante del alma humana. En María Zambrano, el exilio fue una herida sin cura, pero ella fue una exiliada de todo menos de su escritura. La más joven de todas las poetas de América Latina en la primera mitad del siglo XX, la cubana Dulce María Loynaz, segunda en recibir el Cervantes, fue amiga de García Lorca y hospedó en su finca de La Habana a Gabriela Mistral y a Juan Ramón Jiménez. Años más tarde, cuando le sugirieron que abandonara la Cuba revolucionaria respondió que cómo iba a marcharse si Cuba era invención de su familia. A Ana María Matute, la conocí en El Escorial en 2003. Hermosa y descreída, sentí afinidad con su obsesión por la infancia y su imaginario riquísimo y feroz. María, Dulce María y Ana María, las tres Marías, zarandeadas por sus circunstancias, no tuvieron santo a quién encomendarse y sin embargo, hoy 2 por hoy, son las mujeres de Cervantes, al igual que Dulcinea del Toboso, Luscinda, Zoraida y Constanza. A diferencia de ellas, muchos dioses me han protegido porque en México hay un dios bajo cada piedra, un dios para la lluvia, otro para la fertilidad, otro para la muerte. Contamos con un dios para cada cosa y no con uno solo que de tan ocupado puede equivocarse. Del otro lado del océano, en el siglo XVII la monja jerónima Sor Juana Inés de la Cruz supo desde el primer momento que la única batalla que vale la pena es la del conocimiento. Con mucha razón José Emilio Pacheco la definió: “Sor Juana/ es la llama trémula/ en la noche de piedra del virreinato”. Su respuesta a Sor Filotea de la Cruz es una defensa liberadora, el primer alegato de una intelectual sobre quien se ejerce la censura. En la literatura no existe otra mujer que al observar el eclipse lunar del 22 de diciembre de 1684 haya ensayado una explicación del origen del universo. Ella lo hizo en los 975 versos de su poema “Primero sueño”. Dante tuvo la mano de Virgilio para bajar al infierno, pero nuestra Sor Juana descendió sola y al igual que Galileo y Giordano Bruno fue castigada por amar la ciencia y reprendida por prelados que le eran harto inferiores. Sor Juana contaba con telescopios, astrolabios y compases para su búsqueda científica. También dentro de la cultura de la pobreza se atesoran bienes inesperados. Jesusa Palancares, la protagonista de mi novela-testimonio “Hasta no verte Jesús mío”, no tuvo más que su intuición para asomarse por la única apertura de su vivienda a observar el cielo nocturno como una gracia sin precio y sin explicación posible. Jesusa vivía a la orilla del precipicio, por lo tanto el cielo estrellado en su ventana era un milagro que intentaba descifrar. Quería comprender por qué había venido a la Tierra, para qué era todo eso que la rodeaba y cuál podría ser el sentido último de lo que veía. Al creer en la reencarnación estaba segura de que muchos años antes había nacido como un hombre malo que desgració a muchas mujeres y ahora tenía que pagar sus culpas entre abrojos y espinas. 3 Mi madre nunca supo qué país me había regalado cuando llegamos a México, en 1942, en el “Marqués de Comillas”, el barco con el que Gilberto Bosques salvó la vida de tantos republicanos que se refugiaron en México durante el gobierno del general Lázaro Cárdenas. Mi familia siempre fue de pasajeros en tren: italianos que terminan en Polonia, mexicanos que viven en Francia, norteamericanas que se mudan a Europa. Mi hermana Kitzia y yo fuimos niñas francesas con un apellido polaco. Llegamos “a la inmensa vida de México” —como diría José Emilio Pacheco—, al pueblo del sol. Desde entonces vivimos transfiguradas y nos envuelve entre otras encantaciones, la ilusión de convertir fondas en castillos con rejas doradas. Las certezas de Francia y su afán por tener siempre la razón palidecieron al lado de la humildad de los mexicanos más pobres. Descalzos, caminaban bajo su sombrero o su rebozo. Se escondían para que no se les viera la vergüenza en los ojos. Al servicio de los blancos, sus voces eran dulces y cantaban al preguntar: “¿No le molestaría enseñarme cómo quiere que le sirva?” Aprendí el español en la calle, con los gritos de los pregoneros y con unas rondas que siempre se referían a la muerte. “Naranja dulce,/ limón celeste,/ dile a María/ que no se acueste./ María, María/ ya se acostó,/ vino la muerte/y se la llevó”. O esta que es aún más aterradora: “Cuchito, cuchito/ mató a su mujer/ con un cuchillito/ del tamaño de él./ Le sacó las tripas/ y las fue a vender./ —¡Mercarán tripitas/ de mala mujer!” Todavía hoy se mercan las tripas femeninas. El pasado 13 de abril, dos mujeres fueron asesinadas de varios tiros en la cabeza en Ciudad Juárez, una de 15 años y otra de 20, embarazada. El cuerpo de la primera fue encontrado en un basurero. Recuerdo mi asombro cuando oí por primera vez la palabra “gracias” y pensé que su sonido era más profundo que el “merci” francés. También me intrigó ver en un mapa de México varios espacios pintados de amarillo marcados con el letrero: “Zona por descubrir”. En Francia, los jardines son un 4 pañuelo, todo está cultivado y al alcance de la mano. Este enorme país temible y secreto llamado México, en el que Francia cabía tres veces, se extendía moreno y descalzo frente a mi hermana y a mí y nos desafiaba: “Descúbranme”. El idioma era la llave para entrar al mundo indio, el mismo mundo del que habló Octavio Paz, aquí en Alcalá de Henares en 1981, cuando dijo que sin el mundo indio no seríamos lo que somos. ¿Cómo iba yo a transitar de la palabra París a la palabra Parangaricutirimicuaro? Me gustó poder pronunciar Xochitlquetzal, Nezahualcóyotl o Cuauhtémoc y me pregunté si los conquistadores se habían dado cuenta quiénes eran sus conquistados. Quienes me dieron la llave para abrir a México fueron los mexicanos que andan en la calle. Desde 1953, aparecieron en la ciudad muchos personajes de a pie semejantes a los que don Quijote y su fiel escudero encuentran en su camino, un barbero, un cuidador de cabras, Maritornes la ventera. Antes, en México, el cartero traía uniforme cepillado y gorra azul y ahora ya ni se anuncia con su silbato, solo avienta bajo la puerta la correspondencia que saca de su desvencijada mochila. Antes también el afilador de cuchillos aparecía empujando su gran piedra montada en un carrito producto del ingenio popular, sin beca del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, y la iba mojando con el agua de una cubeta. Al hacerla girar, el cuchillo sacaba chispas y partía en el aire los cabellos en dos; los cabellos de la ciudad que en realidad no es sino su mujer a la que le afila las uñas, le cepilla los dientes, le pule las mejillas, la contempla dormir y cuando la ve vieja y ajada le hace el gran favor de encajarle un cuchillo largo y afilado en su espalda de mujer confiada. Entonces la ciudad llora quedito, pero ningún llanto más sobrecogedor que el lamento del vendedor de camotes que dejó un rayón en el alma de los niños mexicanos porque el sonido de sus carritos se parece al silbato del tren que detiene el tiempo y hace que los que abren surcos en la milpa levanten la cabeza y dejen el azadón y la pala para señalarle a su hijo: “Mira el tren, está pasando el tren, allá va el tren; algún día, tú viajarás en tren”. 5 Tina Modotti llegó de Italia pero bien podría considerarse la primera fotógrafa mexicana moderna. En 1936, en España cambió de profesión y acompañó como enfermera al doctor Norman Bethune a hacer las primeras transfusiones de sangre en el campo de batalla. Treinta y ocho años más tarde, Rosario Ibarra de Piedra se levantó en contra de una nueva forma de tortura, la desaparición de personas. Su protesta antecede al levantamiento de las Madres de Plaza de Mayo con su pañuelo blanco en la cabeza por cada hijo desaparecido. “Vivos los llevaron, vivos los queremos”. La última pintora surrealista, Leonora Carrington pudo escoger vivir en Nueva York al lado de Max Ernst y el círculo de Peggy Guggenheim pero, sin saber español, prefirió venir a México con el poeta Renato Leduc, autor de un soneto sobre el tiempo que pienso decirles más tarde si me da la vida para tanto. Lo que se aprende de niña permanece indeleble en la conciencia y fui del castellano colonizador al mundo esplendoroso que encontraron los conquistadores. Antes de que los Estados Unidos pretendieran tragarse a todo el continente, la resistencia indígena alzó escudos de oro y penachos de plumas de quetzal y los levantó muy alto cuando las mujeres de Chiapas, antes humilladas y furtivas, declararon en 1994 que querían escoger ellas a su hombre, mirarlo a los ojos, tener los hijos que deseaban y no ser cambiadas por una garrafa de alcohol. Deseaban tener los mismos derechos que los hombres. “¿Quien anda ahí?” “Nadie”, consignó Octavio Paz en “El laberinto de la soledad”. Muchos mexicanos se ningunean. “No hay nadie” —contesta la sirvienta. “¿Y tú quien eres?” “No, pues nadie”. No lo dicen para hacerse menos ni por esconderse sino porque es parte de su naturaleza. Tampoco la naturaleza dice lo que es ni se explica a sí misma, simplemente estalla. Durante el terremoto de 1985, muchos jóvenes punk de esos que se pintan los ojos de negro y el pelo de rojo, con chalecos y brazaletes cubiertos de estoperoles y clavos arribaban a los lugares siniestrados, edificios convertidos en sándwich, y pasaban la noche entera con picos y palas para sacar 6 escombros que después acarreaban en cubetas y carretillas. A las cinco de la mañana, ya cuando se iban, les pregunté por su nombre y uno de ellos me respondió: “Pues póngame nomás Juan”, no sólo porque no quería singularizarse o temiera el rechazo sino porque al igual que millones de pobres, su silencio es también un silencio de siglos de olvido y de marginación. Tenemos el dudoso privilegio de ser la ciudad más grande del mundo: casi 9 millones de habitantes. El campo se vacía, todos llegan a la capital que tizna a los pobres, los revuelca en la ceniza, les chamusca las alas aunque su resistencia no tiene límites y llegan desde la Patagonia para montarse en el tren de la muerte llamado “La Bestia” con el sólo fin de cruzar la frontera de Estados Unidos. En 1979, Marta Traba publicó en Colombia una “Homérica Latina” en la que los personajes son los perdedores de nuestro continente, los de a pie, los que hurgan en la basura, los recogedores de desechos de las ciudades perdidas, las multitudes que se pisotean para ver al Papa, los que viajan en autobuses atestados, los que se cubren la cabeza con sombreros de palma, los que aman a Dios en tierra de indios. He aquí a nuestros personajes, los que llevan a sus niños a fotografiar ya muertos para convertirlos en “angelitos santos”, la multitud que rompe las vallas y desploma los templetes en los desfiles militares, la que de pronto y sin esfuerzo hace fracasar todas las mal intencionadas políticas de buena vecindad, esa masa anónima, oscura e imprevisible que va poblando lentamente la cuadrícula de nuestro continente; el pueblo de las chinches, las pulgas y las cucarachas, el miserable pueblo que ahora mismo deglute el planeta. Y es esa masa formidable la que crece y traspasa las fronteras, trabaja de cargador y de mocito, de achichincle y lustrador de zapatos —en México los llamamos boleros—. El novelista José Agustín declaró al regresar de una universidad norteamericana: “Allá, creen que soy un limpiabotas venido a más”. Habría sido mejor que dijera “un limpiabotas venido a menos”. Todos somos venidos a menos, todos menesterosos, en reconocerlo está nuestra fuerza. Muchas veces me he preguntado si esa gran masa que viene caminando lenta e inexorablemente desde la Patagonia a Alaska se pregunta hoy por hoy en qué grado depende 7 de los Estados Unidos. Creo más bien que su grito es un grito de guerra y es avasallador, es un grito cuya primera batalla literaria ha sido ganada por los chicanos. Los mexicanos que me han precedido son cuatro: Octavio Paz en 1981, Carlos Fuentes en 1987, Sergio Pitol en 2005 y José Emilio Pacheco en 2009. Rosario Castellanos y María Luisa Puga no tuvieron la misma suerte y las invoco así como a José Revueltas. Sé que ahora los siete me acompañan, curiosos por lo que voy a decir, sobre todo Octavio Paz. Ya para terminar y porque me encuentro en España, entre amigos quisiera contarles que tuve un gran amor “platónico” por Luis Buñuel porque juntos fuimos al Palacio Negro de Lecumberri —cárcel legendaria de la ciudad de México—, a ver a nuestro amigo Álvaro Mutis, el poeta y gaviero, compañero de batallas de nuestro indispensable Gabriel García Márquez. La cárcel, con sus presos reincidentes llamados “conejos”, nos acercó a una realidad compartida: la de la vida y la muerte tras los barrotes. Ningún acontecimiento más importante en mi vida profesional que este premio que el jurado del Cervantes otorga a una Sancho Panza femenina que no es Teresa Panza ni Dulcinea del Toboso, ni Maritornes, ni la princesa Micomicona que tanto le gustaba a Carlos Fuentes, sino una escritora que no puede hablar de molinos porque ya no los hay y en cambio lo hace de los andariegos comunes y corrientes que cargan su bolsa del mandado, su pico o su pala, duermen a la buena ventura y confían en una cronista impulsiva que retiene lo que le cuentan. Niños, mujeres, ancianos, presos, dolientes y estudiantes caminan al lado de esta reportera que busca, como lo pedía María Zambrano, “ir más allá de la propia vida, estar en las otras vidas”. Por todas estas razones, el premio resulta más sorprendente y por lo tanto es más grande la razón para agradecerlo. 8 El poder financiero manda no sólo en México sino en el mundo. Los que lo resisten, montados en Rocinante y seguidos por Sancho Panza son cada vez menos. Me enorgullece caminar al lado de los ilusos, los destartalados, los candorosos. A mi hija Paula, su hija Luna, aquí presente, le preguntó: —Oye mamá, ¿y tú cuántos años tienes? Paula le dijo su edad y Luna insistió: —¿Antes o después de Cristo? Es justo aclararle hoy a mi nieta, que soy una evangelista después de Cristo, que pertenezco a México y a una vida nacional que se escribe todos los días y todos los días se borra porque las hojas de papel de un periódico duran un día. Se las lleva el viento, terminan en la basura o empolvadas en las hemerotecas. Mi padre las usaba para prender la chimenea. A pesar de esto, mi padre preguntaba temprano en la mañana si había llegado el “Excélsior”, que entonces dirigía Julio Scherer García y leíamos en familia. Frida Kahlo, pintora, escritora e ícono mexicano dijo alguna vez: “Espero alegre la salida y espero no volver jamás”. A diferencia de ella, espero volver, volver, volver y ese es el sentido que he querido darle a mis 82 años. Pretendo subir al cielo y regresar con Cervantes de la mano para ayudarlo a repartir, como un escudero femenino, premios a los jóvenes que como yo hoy, 23 de abril de 2014, día internacional del libro, lleguen a Alcalá de Henares. En los últimos años de su vida, el astrónomo Guillermo Haro repetía las coplas de Jorge Manrique a la muerte de su padre. Observaba durante horas a una jacaranda florecida y me hacía notar “cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando”. Esa certeza del estrellero también la he hecho mía, como siento mías las jacarandas que cada año cubren las aceras de México con una alfombra morada que es la de la cuaresma, la muerte y la resurrección. Muchas gracias por escuchar.